‘Segunda parte’
La fotografía me parece fascinante por su capacidad de documentar momentos, lugares y eventos que, de otro modo, inevitablemente serían olvidados; detalles de mi mundo desde mi punto de vista. Cada foto es única: nadie más puede ocupar mi lugar en un momento dado.
Esto no significa que, para mí, la fotografía sea solo documentar. No se trata de un telegrama: es un lenguaje completo. Que el mío sea aún limitado y básico es otra cosa. Admiro la fotografía que logra transmitir sensaciones y emociones a través de sus imágenes, sin importar el tema o las circunstancias en que fueron tomadas: guerra, alegría, pobreza, injusticia o simplemente lo cotidiano. Aun siendo subjetivas, transmiten su intención con claridad.
Esa misma subjetividad, sin embargo, se vuelve un reto cuando me toca ver mi propio trabajo. Vengo de un mundo binario, donde los resultados son blanco o negro, correcto o incorrecto. La fotografía, en cambio, reside en la mirada del observador. No existe una interpretación o apreciación correcta o incorrecta, una idea ajena a mi experiencia cotidiana. Esto me complica el proceso de selección. Al final, todo se reduce a una pregunta esencial: ¿me gusta?